miércoles, 6 de abril de 2011
¿No les ha pasado a Vds que -aunque les dé pereza-llegue un momento en el que hay que realizar esas reparaciones pendientes?
CERRADO provisionalmente por obras en el interior o... permanecer inhabitable. (Disculpen las molestias)
sábado, 26 de marzo de 2011
¿No les ha pasado a Vds, que tengan otras "bio", además de las que tienen publicadas?

Nací más cerca de la mar que del cielo. Tuve que aprender desde muy pequeña que aquella línea donde se juntaban mar y cielo, era inalcanzable y que, cuanto más mar adentro me atrevía a nadar, más se alejaba.
Una tarde, mientras me empeñaba en defender mi castillo de arena de la subida de la marea, vi una botella que flotaba. Ni que decir tiene que, hasta que conseguí darle alcance, pasaron por mi incauta imaginación infantil un montón de historias de naufragios, islas lejanas y filibusteros…, pero una vez más, la lección que me esperaba me encaminaba directamente a entender que mis sueños, uno tras otro, más pronto que tarde iban a ser inútiles. Con mucho esfuerzo logré quitarle el corcho a la botella y con sumo cuidado, saqué una hoja escrita que contenía. ¡Qué emoción!. Y la nota decía: “Tonto el que lo lea”. (Voy a ahorrarles más detalles sobre la enorme decepción que todavía hoy me acompaña).
Crecí -no mucho- y porque no me quedaba otro remedio. No fue mucho más alentador el ver como uno tras otro sueño, eran sólo eso: sueños. (Durante años, lo confieso, odié a Calderón…).
Pasé por muchas expresiones bien explícitas y crudas bien de lecturas más subliminares:
-“Tú estás loca”.
Y, llegó el momento en que decidí que, si los que pisaban sin miramientos mis sueños, eran los “presuntamente cuerdos” yo no sólo estoy loca, quiero estar loca.
Mi otro yo, el que me pide cuentas de todo el tiempo que perdí soñando, la otra tarde tuvo una seria conversación -muy seria- conmigo.
Me disculpé, convencida:- No te preocupes más, ya no creo en el Quijote.
Apenas si se sorprende y me pregunta con cierto desinterés:
-¿Y eso es definitivo?
-Sí…
-Júratelo
-lo juro por Frida kahlo, me respondí.
Pasé por muchas expresiones bien explícitas y crudas bien de lecturas más subliminares:
-“Tú estás loca”.
Y, llegó el momento en que decidí que, si los que pisaban sin miramientos mis sueños, eran los “presuntamente cuerdos” yo no sólo estoy loca, quiero estar loca.
Mi otro yo, el que me pide cuentas de todo el tiempo que perdí soñando, la otra tarde tuvo una seria conversación -muy seria- conmigo.
Me disculpé, convencida:- No te preocupes más, ya no creo en el Quijote.
Apenas si se sorprende y me pregunta con cierto desinterés:
-¿Y eso es definitivo?
-Sí…
-Júratelo
-lo juro por Frida kahlo, me respondí.
Creo que mi otro yo siempre supo que era cuestión de tiempo ganarme la partida.
domingo, 20 de marzo de 2011
¿No les ha pasado a Vds que algunas noticias tengan un olor característico?
( Foto.El País)Tuvieron que enredarse el sueño y el insomnio en una endiablada espiral . ( Anónimo)
Ellas aparecieron de repente, aquella noche tenía algo diferente. Olía a tierra removida, mojada y no llovía desde hacía días… Venían dispuestas a emborracharse por los viejos tiempos. Porque ellas, aunque parece que todas lo olviden, tuvieron una vida con algo que celebrar antes de que su asesino les anulase hasta los recuerdos. Ordenadamente de una en una me enseñaron viejas y tristes fotos de sus asesinatos. Se extrañaron de que nunca las hubiera visto si, desde hacía siglos, se reunían esa misma noche en ese mismo sitio y eran muchas, casi cada día, alguna nueva llegaba; casi siempre ensangrentada y siempre desorientada, muy desorientada. Nunca había llegado ninguna que tuvieses una explicación “ a lo suyo” ni que dejara durante días de lamerse sus heridas.
Me sentía culpable de que me hubieran sido invisibles tanto tiempo, lo confieso y quise irme, pero ya no había vuelta atrás.
Me desperté al amanecer sin lágrimas y con la boca seca. Ya nunca olvidé aquel inconfundible olor a sangre, injusticia y muerte a que me huele la noticia del asesinato de la última mujer. Hoy mismo otra mujer llegará desorientada, no tendrá explicación “a lo suyo” y, durante días, también ella se lamerá las heridas…
Ellas, sé que esperan que yo les hable de esta pesadilla. Ahora ya puedo beber con ellas por los viejos tiempos. Estoy segura de que Vds no quieren dejarme sola esta noche con mi copa de vino en la terraza...
sábado, 5 de marzo de 2011
¿No les ha pasado a Vds que profesionalmente hayan tenido que tomar una decisión dolorosa?

He descubierto en mis ojeras al día siguiente tu ausencia.
Anónimo
La ambulancia -que yo misma había llamado- llegó a la casa, la mujer del pelo blanco y la sonrisa permanente no dijo nada ni opuso resistencia.
El Centro psiquiático estaba cerca de su hogar y lejos de su deseo.
la acompañé a la habitación, que era compartida. Su compañera le dio la bienvendida:
-¿A ti por qué te ingresaron?
La mujer de pelo blanco y sonrisa permanente , después de recorrer con la mirada el cuarto, rompió el silencio:
-Porque yo ya lo sé todo.
martes, 4 de enero de 2011
No les ha pasado a Vds. que -como a J. Banville, a la pregunta: ¿Por qué escribo?no les quede otro remedio que contestar:"Porque no sé escribir"?
LACITOS
“HABIA UNA VEZ UNA NIÑA QUE ERA MUY PRESUMIDA Y LE JUSTABA MUCHO QUE LE PUSIERA SU TATA MUCHOS LACITOS EN LAS COLETAS POR ESO LOS NIÑOS DE LA ESCUELA LE LLAMABAN LACITOS UN DIA YA SE ABIA GASTADO EL DURO QUE SU PADRE LE DIO PARA COMPRARLE CARAMELOS A DONISIA2 Y SE ENCONTRO UN PIRATA QUE LE DIJO QE LE CAMBIABA TOFE S POR UN LACITO Y LA NIÑA LLAMADA LACITOS ACETO LA PROPONUESTRA Y SE QUEDO SIN SU LACITO Y COMIO MUCHOS TOFES QUE SE PUSO MUY MALINA DE LA BARRIGUINA y MAÑANA LA TATA LE HIZO UN LACITO NUEVO Y MANZANILLA LA NIÑA LLAMADA LACITOS YA NO VOLVIO NUNCA MAS A CAMBIARLE SUS LACITOS POR TOFES A LOS PIRATAS Y FIN.”
Nota de la autora
Comprenderán que a partir de los diez años, que yo ya escribía otro tipo de cuentos –menos biográficos- y, sobre todo, sin faltas de ortografía, no le hiciera mucha gracia que mis hermanos mayores, buscaran esa página cada Noche Vieja Y se rieran en mi cara. Y, quizá también comprendan el porqué le hice manzanilla a Fantasía cuando, el primer día que le puse lacitos, comprobé que había perdido uno…
¿Vds. qué hubieran hecho en mi lugar?
1. Pomarada: finca de manzanos. ( Asturias)
2. Donisia merece , ella sola, un relato: Vendedora de caramelos que se ponía a la puerta del cine Clarín. No había ni otro cine ni otra vendedora de “chuches”.
Comprenderán que a partir de los diez años, que yo ya escribía otro tipo de cuentos –menos biográficos- y, sobre todo, sin faltas de ortografía, no le hiciera mucha gracia que mis hermanos mayores, buscaran esa página cada Noche Vieja Y se rieran en mi cara. Y, quizá también comprendan el porqué le hice manzanilla a Fantasía cuando, el primer día que le puse lacitos, comprobé que había perdido uno…
¿Vds. qué hubieran hecho en mi lugar?
1. Pomarada: finca de manzanos. ( Asturias)
2. Donisia merece , ella sola, un relato: Vendedora de caramelos que se ponía a la puerta del cine Clarín. No había ni otro cine ni otra vendedora de “chuches”.
sábado, 25 de diciembre de 2010
No les ha pasado a Vds que sientan cierta curiosidad, cuando leen historias como...
Leopolda de Andrade y López, había padecido de todo tipo de burlas en el pueblo , sólo porque no se le había conocido nunca un novio. Por mucho que ella, se ausentara durante largas temporadas con su familia y que volviera contando a sus amigas, secretas relaciones con no menos secretos pretendientes. Nunca le creerían.
-Han llegado los de Andrade.
-¿Y esta vez, cuántas novios se ha inventado la solterona?
-Mujer, alguno, alguno habrá...¡Veranean en San Sebastián!
-Ya, por eso nunca nadie le ha visto con ninguno, esa se queda pa vestir santos
-Mira que fue guapa
- Y su padre , ¡que les ha dejado mucho!.
Se habían empezado a mofar de ella en el bar del pueblo los hombres, con bromas y apuestas de mal gusto, primero. Después, las amigas, que se juntaban para ir a la Novena y más tarde, hasta los niños al salir de la escuela. Así que Leopolda, después de la muerte de su madre, apenas salía de su casa.
Hasta que un día cuchichenban en corrillos, todos se daban golpes de pecho cuando la encontró Don Serafín el médico, muerta una mañana. Pero no se dolían de su muerte, se retorcían de envidia porque decían que la había encontrado muerta abrazada a una cajita… Llena de cartas de amor. Enlazadas, en diferentes paquetitos, las había estado guardando según un meticuloso orden epistolar. Todas, había estado recibiéndolas en la casa de su tía Elena, que vivía en la capital. Y decían que "era independiente y demasiado moderna para ser decente”.
(Verano del 33- Verano del 34, verano del al 35)
Carta primera
Muy amada mía: Teniendo necesidad de hablarle de un asunto importante para ambos, le suplico se sirva a concederme una cita, en la seguridad de que se lo agradecerá su afectísimo s. s. q. s. p.b.,
Lorenzo
Carta segunda
Lorenzo
Carta segunda
Distinguida señorita: Hace ya bastantes días que busco afanosamente una ocasión propicia para hablarle, mas como ésta no llega, cual fuera mi deseo, suplico a usted se sirva indicarme día, lugar y hora en que podamos vernos para tratar de un asunto que a ambos nos interesa, y del cual quizá dependa nuestra felicidad.
Arturo
Carta tercera
Arturo
Carta tercera
Mi dulce Leopolda: Me he enterado , por conducto extraño, de ciertas circunstancias que se reúnen en el transcurso de mi cariño y como me molestan profundamente las situaciones equívocas , te suplico me indiques qué día y a qué hora puedo acompañarte a la salida del casino para que puedas aclararme si es cierto este asunto.
Tuyo siempre
Carlos
Tuyo siempre
Carlos
(…)
Carta sextuagésima
Mi entrañable prima Leopolda: Acabo de llegar a San Sebastián, después de tantos meses de ausencia, ya comprenderás las ganitas que tengo de estrechar tu delicada mano y mirarme en el fondo de tus ojos. ¿No me habrás olvidado este invierno, verdad? ¿Podrá ser mañana mismo a las cinco?
Te espera donde siempre tu loco enamorado,
Manuel
Y, ésta al menos, tuvo respuesta por su parte, pero que inexplicablemente no llegó a enviar…
Te espera donde siempre tu loco enamorado,
Manuel
Y, ésta al menos, tuvo respuesta por su parte, pero que inexplicablemente no llegó a enviar…
Querido Manuel: Con la alegría que has de suponer he recibido tu carta, Ya me extrañaba que pudieses estar tanto tiempo sin ver a “la dulce Leo”, como te gustaba llamarme en privado el pasado verano. Sepas con todo mi atrevimiento yo también te esperaba ilusionada.
Así pues, aguárdame mañana donde siempre a la hora de costumbre y recibe todo mi afecto.
Tuya
Leopolda.
Así pues, aguárdame mañana donde siempre a la hora de costumbre y recibe todo mi afecto.
Tuya
Leopolda.
Depués, dicen que vino la Guerra Civil.
Así, había ido guardando Leopolda de Andrade y López, hasta sesenta cartas…, de once pretendientes diferentes, de los tres años posteriores a su dieciséis cumpleaños...
Nota de la autora
La historia es ...real. Me la contó hace unos años mi madre, se la había contado mi abuela Elena, hija adoptiva de Serafín, mi bisabuelo... Las cartas, las sesenta, obran en mi poder, junto con la cajita, que es de música; pero esa es otra historia.
La historia es ...real. Me la contó hace unos años mi madre, se la había contado mi abuela Elena, hija adoptiva de Serafín, mi bisabuelo... Las cartas, las sesenta, obran en mi poder, junto con la cajita, que es de música; pero esa es otra historia.
viernes, 10 de diciembre de 2010
¿No les ha pasado a Vds. que, un día de pronto se den cuenta que, a veces, cualquier tiempo pasado , sí fue mejor?
MIS DEUDAS CON LOS "SIN TECHO"
Cuando yo era pequeña, no existían los “Sin Techo”. Por lo menos, no existían en mi pueblo. Claro que había mendigos, transeúntes, vagabundos…, e incluso un borracho conocido: El Negro Castaño. Pero todos, sin excepción, tenían por lo menos, un techo.
Eran ellos mismos quienes escogían. Entre sus techos preferidos destacaban: La casa abandonada, el pajar de la casa del padre del cura, el hórreo de Juanita o el llagar de casa de mi abuelo. Además de techo, cuando volvían- adquiriendo así la categoría de ciudadanos fijos discontinuos-, se les ponía un mote, como a cualquier vecino, e incluso eran hasta tal punto esperados en las mismas fechas que, si alguno se retrasaba, esta ausencia, se ponía en conocimiento del Juez .
Un agradecido recuerdo para : La Colla y el Chinel, Cabeza de Plata y el Peregrino; el Negro Castaño, el Negro estaba… casi siempre.
-Hola Negro
-Hola Don X
-¿Qué te cuentas?
Y, siempre, cuando estaba muy borracho decía: “Oiga... Vd. Sabe que es verdad, yo con Franco, tú por tú, como carajo en la aldea”. Fue la primera persona a quien yo oía hablar de Franco.
Seguro que le debo mi cuidado especial con el alcohol.
La Colla y el Chinel se alojaban siempre en la casa abandonada. Ella, explicaba a todo aquel que la quisiera escuchar, que era suya, la casa, por una herencia.
A Chinel, la pareja de la Colla, lo conocí una tarde en la tienda de “ Pacita pa Rato”.
-Chinel ,¿ya de vuelta?
-Pues sí, dame un lazo de raso ancho, Pacita.
-¿De qué color, rosa?
-sí…, o amarillo.
-Quiere la Colla hacerse una trenza?
-No, ¡que va! es para el gato, queremos colocarlo encima de “la tele”.
Más tarde supe que el gato, era de verdad y negro. Lo que nunca llegué a saber era si Chinel habría conseguido que se estuviera quieto encima de la tele…
A ellos les agradezco, casi seguro, mi amor por los animales de compañía.
En el pajar, solía quedarse Cabeza Plata. Los niños de la escuela me contaron que "tenía por dentro la cabeza de plata por una bomba de cuando la guerra, porque era maestro y republicano". ( Tardaría mucho en relacionar: guerra, maestro, republicano Y, todavía no estoy muy segura de haberlo entendido bien...). Tampoco sé cómo lo sabían ellos, los niños; porque era además de cojo, mudo.
De él aprendería a no mostrarle mi miedo nunca a nadie.
El peregrino era punto y aparte. Siempre venía de Santiago. De exquisita educación, se abrigaba con una prenda de color marrón descolorido, cubierta de conchas de vieira. Educadamente, le pedía el llagar a mi abuelo para dormir, sólo se quedaba una noche. Me daba una de sus conchas, que yo utilizaba como semillero y, antes de irse, se despedía de mi abuelo con frases del tipo:
-Cuando llegue, le mandaré una postal con mi silencio.
-Con dios, le contestaba, mucho más parco, mi abuelo.
Fue, sin duda él, el culpable de mi gusto por viajar. Y por escribir.
Eran ellos mismos quienes escogían. Entre sus techos preferidos destacaban: La casa abandonada, el pajar de la casa del padre del cura, el hórreo de Juanita o el llagar de casa de mi abuelo. Además de techo, cuando volvían- adquiriendo así la categoría de ciudadanos fijos discontinuos-, se les ponía un mote, como a cualquier vecino, e incluso eran hasta tal punto esperados en las mismas fechas que, si alguno se retrasaba, esta ausencia, se ponía en conocimiento del Juez .
Un agradecido recuerdo para : La Colla y el Chinel, Cabeza de Plata y el Peregrino; el Negro Castaño, el Negro estaba… casi siempre.
-Hola Negro
-Hola Don X
-¿Qué te cuentas?
Y, siempre, cuando estaba muy borracho decía: “Oiga... Vd. Sabe que es verdad, yo con Franco, tú por tú, como carajo en la aldea”. Fue la primera persona a quien yo oía hablar de Franco.
Seguro que le debo mi cuidado especial con el alcohol.
La Colla y el Chinel se alojaban siempre en la casa abandonada. Ella, explicaba a todo aquel que la quisiera escuchar, que era suya, la casa, por una herencia.
A Chinel, la pareja de la Colla, lo conocí una tarde en la tienda de “ Pacita pa Rato”.
-Chinel ,¿ya de vuelta?
-Pues sí, dame un lazo de raso ancho, Pacita.
-¿De qué color, rosa?
-sí…, o amarillo.
-Quiere la Colla hacerse una trenza?
-No, ¡que va! es para el gato, queremos colocarlo encima de “la tele”.
Más tarde supe que el gato, era de verdad y negro. Lo que nunca llegué a saber era si Chinel habría conseguido que se estuviera quieto encima de la tele…
A ellos les agradezco, casi seguro, mi amor por los animales de compañía.
En el pajar, solía quedarse Cabeza Plata. Los niños de la escuela me contaron que "tenía por dentro la cabeza de plata por una bomba de cuando la guerra, porque era maestro y republicano". ( Tardaría mucho en relacionar: guerra, maestro, republicano Y, todavía no estoy muy segura de haberlo entendido bien...). Tampoco sé cómo lo sabían ellos, los niños; porque era además de cojo, mudo.
De él aprendería a no mostrarle mi miedo nunca a nadie.
El peregrino era punto y aparte. Siempre venía de Santiago. De exquisita educación, se abrigaba con una prenda de color marrón descolorido, cubierta de conchas de vieira. Educadamente, le pedía el llagar a mi abuelo para dormir, sólo se quedaba una noche. Me daba una de sus conchas, que yo utilizaba como semillero y, antes de irse, se despedía de mi abuelo con frases del tipo:
-Cuando llegue, le mandaré una postal con mi silencio.
-Con dios, le contestaba, mucho más parco, mi abuelo.
Fue, sin duda él, el culpable de mi gusto por viajar. Y por escribir.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

